Pues llevaba ya dos semanas que obligaciones de todo tipo me habían impedido pasar por el
Antro del Vicio, así que este sábado aproveché pa echarme un cafés con Peter y abastecerme de estupefacientes (decía mi padre que se me ponía cara de tonto cuando leía un tebeo). Nos juntamos allí unos cuantos parroquianos y la conversación derivó a una circunstancia que sufría en silencio, pero que ahora aliviado descubro que es mal común: las parejas y los tebeos.
Así, poco a poco fuimos desvelando nuestras pequeñas miserias doméstico-tebeíles. Como, a los 30 y tantos años de edad, volvemos a entrar en casa, esta vez la nuestra propia, con el estómago encogido para ocultar la abultada compra de la semana; como un reputado cirujano del complejo hospitalario Carlos Haya de Málaga, de fama nacional, hacía sus compras semanales aprovechando el rato que su señora estaba en el gimnasio (Peter dixit); como yo mismo llevo adelante esta adicción mediante pequeños desfalcos a la economía familiar.
O sea, y como muy bien apuntó uno de los presentes: le ocultábamos los cómics a nuestras madres, y ahora se los ocultamos a nuestras parejas. Patético.
Lo cual me hizo pensar... ¿Cómo tiene que ser eso de que tu pareja sea tan friki como tú? Y claro, me acordé de Peter y Mamen, de Plissken y Sparks, de los señores Skellington... ¿Cómo va la cosa? A ver, ¿se echan unos cohetillos y luego, en el aftermath, a leer juntos tebeos? ¿Las peleas domésticas giran entorno a qué original vamos a comprar? "No nene, compramos 2 figuras de Thor, que luego nos separamos y hay que partirla..." Y, por supuesto, nada de "Cari, ya que vamos a Barcelona, podríamos aprovechar para hacer un poco de turismo, ¿no?"
Compañeros de fatigas, espero ese feedback.
Saludosh...